82 años protagonizó un concierto memorable
junto a la orquesta filarmónica de Viena; Goethe
concluyó Fausto a los 82 años; Edison
trabajaba en su laboratorio a los 83; Moisés
dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein
interpretaba como nadie Chopin, a los 90 años.
¿Entonces, de qué estamos hablando?
Pues hablamos de las circunstancias límites que
se producen en nuestra vida, no siempre
relacionadas con la edad, pero si influyentes en
el resto de lo que nos queda de vida.
El nobel de Medicina
Drauzio Varella
dice que
nadie está sano después de los 50, siempre hay
uno o varios achaques que son propios de la
edad. Por tanto de lo que se trata entonces es de
envejecer saludablemente, es decir, con los
achaques controlados y sin complicaciones.
También señala que la principal desgracia para
un anciano es la soledad. Por eso el escritor
colombiano Gabriel García Márquez dice que el
secreto de una buena vejez no es otra cosa que
un pacto honrado con la soledad.
Nuestro país, va camino de alcanzar elevada cota
de mayores, y de hecho la apertura de
residencias para estas personas puede ser un
futuro negocio del ladrillo para los de siempre.
El ingreso en ellas, representará, en un futuro,
un porcentaje alto de la población, y la soledad
aunque no produzca síntomas externos de
gravedad también habrá que canalizarla para
evitar un impacto emocional grande con
sensaciones de nerviosismo y angustia,
situaciones límites sentimientos de tristeza,
irritabilidad, mal humor, marginación social,
creencias de ser rechazado, etc.
Por eso, he intentado quitar importancia al
disgusto de aquella mujer que compartió nuestra
tarde de reflexiones, y de merienda. Una cosa
tan pequeña había creado una situación límite,
quizá porque realmente tenía razón su amiga, o
quizá porque
no estaba preparada para escuchar lo que ella
consideró una crueldad.
La abracé y la dije, -¿Qué te importa estar en la
tercera edad (de 60 a 80 años según datos
oficiales), en la cuarta o vejez (de 80 a 90años)
o estar en la longevidad (de 90 hasta que
mueres)? Yo conocí una persona en la tercera
edad, 72 años, que adquirió un estado de
ansiedad límite por saber qué pasaría diez años
después con su vida, que era cuando terminaba
su pensión familiar. Yo le respondía siempre
–¡uy! ¿quién llegará?– para intentar calmarle.
No se preocupó por el día presente… Ese mismo
año falleció.
Vamos a preocuparnos del hoy, canalizar las
hemorragias de sentimientos con nuevos
caminos colaterales del corazón y tener ilusiones
hasta el último día de vida, porque en época de
crisis es lo mejor que podemos transmitir:
ilusión, esperanza y creatividad.
Estoy segura que aquella anécdota que he
descrito, no pasa de ser eso, una anécdota, y que
la responsable de la circunstancia límite de
aquella mujer, fue poco afortunada con sus
palabras, quizás porque no conocía o no recordó
la canción de Yupanqui:
“Cada cual cree que no cambia
y que cambian los demás…”
P
de Rebotica
LIEGOS
25
LOS CAMINOS COLATERALES DEL CORAZÓN
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