“Cada cual cree que no cambia
y que cambian los demás…
Recordé aquel día, en una reunión de
mujeres, el comentario de una de
ellas, que explicaba cómo
una amiga cercana,
cargada tal vez de un
trabajo excesivo,
agobiada, en baja
forma tal vez, le
había dicho con
cierta “ácida y
amable caridad”:
–perdona, no
quiero ofenderte
pero se te nota la
vejez–
, y nos decía
que se apreciaba
claramente un ánimo
de herir por el tono
empleado.
Nos señalaba que hacía un año
habían estado juntas en una reunión de
las habituales, y había pensado lo mismo de
ella, por su estado ansioso y nervioso aunque no
había dicho ni una sola palabra al respecto. Era
tanto su afecto por ella que lo interpretó como
algo lógico y natural, porque siempre hay rachas
de estrés. Nos aseguraba en aquella tertulia que
hubiera deseado tener una coraza para defender
esa laceración del alma como ella lo llama.
Había sentido dolor, y se dirigía a mí,
preguntando con interés que era eso de los
caminos colaterales del corazón, cómo se hacían,
cómo se construían. Supongo que era por mi
insistente teoría de que ante situaciones límites,
también existen caminos colaterales del corazón.
Me apetecía decir algo, ayudarla, si es que
podía, al igual que habían hecho mis
compañeros, pero también me apetecía decirle
alguna palabra fuerte, que funcionara a modo de
sacudida, por ignorante. ¿Dónde estaba su
sensibilidad, dónde su instinto de supervivencia?
Le pregunté si la persona había especificado si
se refería a su edad biológica (capacidades
funcionales), a su edad psicológica (madurez) a
su edad social (hábitos sociales) cuando le había
soltado “se te nota la vejez”. Revisando estos
tres tipos de edades, se puede afirmar que la
vejez llega en diferentes años en el sujeto, según
sea el tipo de edad a la que nos estamos
refiriendo. La edad o el DNI no es exactamente
un indicador de vejez le dije enfadada y de
hecho he presenciado cómo un cirujano ha
rechazado ese DNI del paciente anciano a la
hora de operar diciéndole que biológicamente
podía considerarle con diez años menos y por
tanto apto para soportar la extirpación de un
tumor importante de estómago. Ese
paciente sobrevivió seis años
más después de la
intervención, con
una excelente
calidad de vida.
Qué manía la
nuestra de
basarnos, a
veces, en la
edad biológica
de las personas
por querer ser
objetivos, y sin
embargo perdemos de
vista el lado humano.
Porque, aunque esas personas
se vayan deteriorando no por
esto se vuelven inválidas o dejan de
ser personas. Y de alguna manera
seremos responsables de su receso
social, que no es otra cosa que el
aislamiento que vive el anciano, o más
bien al que se ve obligado a vivir. Ya estamos
fomentando el principio de una situación límite.
A donde se puede llegar, nos lleva a una
entrevista que hacía una presentadora de
televisión, en uno de los reality shows del
momento, con gran porcentaje de audiencia. La
presentadora bromeaba con el concursante, le
vacilaba, mientras éste, trataba de humillarla
lanzándole el mensaje de que era mayor, para
que cualquier hombre se fijara en ella.
-“
Oye chaval, tengo que agradecer, primero a la
vida que me ha permitido llegar a los 61 años, y
segundo si crees que con esas palabras me
ofendes estas muy equivocado
”-.
Me pareció una salida excelente y me permito
añadirle una “coletilla” a sus palabras:
Hay que estar agradecidos de nuestra edad, y
si llegamos a viejos mejor, pues la vejez es el
precio de estar vivos. No debemos olvidar que,
Benjamín Franklin contribuyó a redactar la
Constitución de los Estados Unidos a los 81
años; el pianista Wilhelm Backaus a la edad de
P
de Rebotica
LIEGOS
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LOS CAMINOS COLATERALES DEL CORAZÓN
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