E
n 1844 vemos a Liszt insta-
lado en el condado de Weimar como
maestro de capilla donde vivirá otra
de las etapas más fructíferas de su vi-
da, lo que otorga a su gran vitalidad
una gran eficacia en todos los órde-
nes.
En 1846 viaja bastante: Rumanía,
Rusia, Hungría, y apenas compone.
Aquí podemos registrar un
Pater Nós-
ter
que sería su primera obra de ins-
piración religiosa y de gran trascen-
dencia en la vida del compositor, ya
que interpretada al azar en una iglesia
de Kiev, causó tal impresión en una
piadosa oyente que decidió seguir a
Liszt a cuantos conciertos actuase y
se inició una pasión que duraría cua-
renta años.
La tal devota era la princesa Caro-
lina de Sayn-Wittgenstein, joven toda-
vía, de gran inteligencia que se manifiesta en el plano
literario y filosófico así como en la administración de
sus enormes propiedades. Y, como en el caso de Marie
la fascinación es mutua y le ofrece al músico paz y tran-
quilidad ilimitadas en su finca de Woronince, mientras
ella inicia desde aquel momento todos los trámites pa-
ra obtener la anulación de su no muy afortunado matri-
monio, para casarse con el músico. El artista efectiva-
mente recobra su estabilidad y removerá sus
sentimientos religiosos abandonados desde los primeros
años con marie. Movido de este impulso compone va-
rias piezas para piano que reunirá bajo el título de
Ar-
monías poéticas y religiosas
publicado en 1852.
En 1855 en que finalizaría su
Sinfonía Fausto,
se
dedica casi por completo a la música religiosa abrien-
do su último período creador que llegará hasta su muer-
te, todavía lejana. En 1857 recibe la noticia de que su
hija Cosima, a la sazón en Berlín contrae matrimonio
con el brillante músico, primero de los directores de or-
questa del momento y gran pianista, Hans von Bëlow.
Entre 1849 y 1859 ha aparecido lo más importante
de su producción orquestal, aparte de sus doce poemas
sinfónicos de gran influjo en Smetana, Saint-Saens, o
Richard Strauss, culmina las Sinfonías
Fausto y Dante
y el
Concierto para piano y orquesta en mi bemol
que
en opinión de muchos es lo más interesante de su obra
y aún hoy en día piedra de toque para muchos pianis-
tas. Puede decirse que en Weimar ha abandonado su ca-
rrera de intérprete y virtuoso para dedicarse a la crea-
ción y a la dirección. En sus últimas composiciones
podemos apreciar innovaciones en el terreno armónico,
en la sutileza rítmica y en la orquestación.
Sobre 1854 compone la ma-
yor parte de sus
Rapsodias Húnga-
ras
que completaría en 1885 y que
fueron diecinueve, donde los dos
protagonistas de la orquesta bohe-
mia, el violín y el címbalo, son evo-
cados por una muy particular técni-
ca del piano, capaz de reproducir sus
efectos sonoros haciendo revivir la
melodía gitana en el mismo teclado
bajo los dedos del genial improvisa-
dor.
Recibe y aconseja a los más
célebres músicos de la época, espe-
cialmente pianistas como Tausing,
Antón Rubinstein, Hans von Bëlow,
y mantiene constante relación con
Richard Wagner al que le ha estre-
nado su ópera
Lohengrin
. Su apego
a la música es tal que incluso im-
parte clases de los más variados ins-
trumentos con una abnegación admirable. En suma, vive
feliz en Weimar inmerso en la cultura que allí se respira
y dedicado plenamente a su teatro aunque ignora las in-
trigas que en torno a él se ciernen. La burguesía de la
ciudad no ve bien las irregulares relaciones de Franz con
la princesa que pese a los continuos viajes de ésta a Ro-
ma no acaba de dar solución al problema de su anula-
ción y comienzan a despreciar sus conciertos y hasta dis-
cuten su primacía en la dirección de la orquesta.
Todo esto el músico lo sufre con paciencia hasta la
noche del 15 de diciembre de 1858 en la que el teatro pre-
sentó bajo su dirección la deliciosa ópera cómica de Cor-
nelius
El barbero de Bagdad
, músico actualmente olvi-
dado y cuya partitura era del agrado de Liszt, no así del
intendente del teatro que consiguió indisponer al público
contra él, organizando una fuerte protesta al final de la
obra que provocó la dimisión de Liszt aquel mismo día.
Se le nombró ciudadano de honor, se le otorgaron nume-
rosos agasajos, pero la suerte entre la ciudad de Weimar
y el músico estaba consumada.
A todo esto surgen nuevos inconvenientes en el pro-
ceso de anulación del matrimonio de la princesa que ha-
cen que Carolina parta definitivamente de Weimar con
destino a Roma, quedando Liszt en Altenburg donde te-
nía instalado su gabinete de trabajo concentrado en una
vida laboriosa y meditativa próximo ya a cumplir la cin-
cuentena. Quince meses después el también dejaría
Weimar.
En 1861 después de un viaje a Paris en el que con
Wagner y Baudelaire visita a Rossini, Berlioz y Gounod
e interpreta sus obras ante Napoleón III, vuelve a Roma
donde, al parecer, Carolina había solucionado y dispues-
Jesús Arnuncio Pastor
MÚSICA
P
de Rebotica
LIEGOS
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La evolución en la obra de
1ran2 Lis2t
(II)
Retrato de Liszt
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