Revista Farmacéuticos - Nº 124 - Enero/Marzo 2016 - page 21

NUESTROS POETAS
Carlos María Pérez Accino
EL ÁNGELUS
El aire de la tarde
iba en ondas de graves campanadas.
Dentro del convento gótico,
la música gregoriana
entreverada de incienso
ascendía a la parte alta
de la bóveda y la piedra
con devoción la empapaba.
Mientras fuera, en una grieta
de la ennegrecida tapia
callada y sencillamente,
la pequeña flor estaba.
EL POEMA NO ESCRITO
Como un callar de cantares,
como el eco presentido
de las viejas catedrales.
Algo como una caricia
que se quedase en el aire
temblando, porque naciera
sin ir dirigida a nadie.
Sólo un nebuloso ensueño
y un no querer despertarse.
Bello y libre, sin fronteras
materiales, como un ángel.
Lo veo, lo llevo en la sangre
casi sin saberlo. Lo oigo
como un cantar de cantares.
AUSENCIA
Cuando yo os abandone no vayáis
a llorar ante mis pobres huesos.
Yo no estaré allí ya, un viento suave
-polvo de Dios- me alejará del tiempo.
Sé que me llevará, no preguntéis adonde,
es posible que al sitio del que vine
y el que traje esta obsesión de luces
de versos limpios y aroma de jazmines,
de amista y de amor que yo no supe
transformar en humanas realidades.
No vayáis a llorar ante los restos
vacíos ya de mí, escorias minerales.
Levantad vuestra vista hacia lo alto
y sonreíd al árbol y a la nube,
al pájaro, a la flor, a todo aquello
que amé puro y que quizá no tuve
por mi propia torpeza. Sonreídme,
sonreídme en el niño que inocente
aprende a ser, mientras mi Dios me enseña
el amor, incansable, nuevamente.
No lloréis. Sonreíd a mi recuerdo.
No ahoguéis con las lágrimas vertidas
a un hombre que fue siempre
mendigo de sonrisas.
La reminiscencia arqueológica del Ángelus de Millet. Salvador Dalí (1935)
EL VALLE DE SOLÁN
Letanía de pinos en las crestas
limitando el azul que cubre el valle.
Trayectoria del águila soberbia
rubricando en su vuelo lento, ingrave,
el poema divino de la vida.
Filtro de sol, los árboles enhiestos
parecen dibujar en las laderas
la genial partitura de un gran himno
milenario, compuesto de mil voces,
del rumor de mil vidas, de las aguas,
del aire entre las hojas.
Es un cáliz inmenso del que parte
en un tono menor un melodioso
reflujo de creación hacia la altura.
Como un eco de Dios que así volviese
en un acto de amor hacia su origen.
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