Revista Pliegos de Rebotica - Nº 126 julio/septiembre 2016 - page 23

vuelta al mundo de un novelista
(1924), donde se lee:
Los comerciantes de la Gran Bretaña
vendían opio a los chinos, el Imperio
Celeste se opuso a la difusión de esta droga
fatal, embargando varios cargamentos
ingleses enviados a Cantón y echándolos al
agua. El Gobierno de Londres declaró la
guerra a China, y después de un rápido
triunfo se quedó, como indemnización por
los gastos de la campaña y por los
cargamentos de oro anegados, con la isla
de Hong-Kong.
La mención del opio la encontramos asimismo
en poemas de otro modernista español,
Francisco Villaespesa. En algunos de ellos pueden
advertirse coincidencias con el antedicho texto
valleinclaniano cuando se refiere a esa sustancia
en la composición “Ensueño de opio”, soneto
alejandrino perteneciente a
La copa del rey de
Thule
(1898).Ahí el escritor almeriense retrata a
una señorita de Maupin, en alusión a la que
protagonizó una novela de Gautier, y anota que
“…El éter la fascina/ y el opio le produce un
ensueño oriental…” Y en el soneto “El poema
del opio”, de
El jardín de las quimeras
(1909), la
voz dicente señala que, “sobre moriscos
almohadones,” “Me envuelven los azules
espirales/ de mi pipa en volutas irreales,”
No pretendo poner en relación fuentística el
fragmento poemático valleinclaniano con los
antecitados pasajes del autor andaluz. Pero sí
anoto cómo el opio genera ensueños orientales
en ambos escritores y esos ensueños son
igualmente azulados. Empero, mientras al galaico
el opio le evoca a China, a Villaespesa no, antes
bien a una atmósfera oriental inconcreta, acaso
andalusí.
En Valle-Inclán se invocan las chinerías, es decir
los elementos asociables a China, como
consecuencia del estado mental ocasionado por
la ingesta de opio, porque es esa adormidera,
denominada
científicamente
Somniferum
Papaver
, la que, por
emplear sus palabras,
“evoca sueños azules,
lacas, tortugas…”, así
como las restantes
referencias chinas que en el
poema comparecen. ¿Puede
hablarse en este poema valleinclaniano de
que se gestó “bajo influencia”, en el sentido
de bajo el influjo de la droga, pongamos que
hablo del kif? ¿Podría decirse que cabe
inscribirlo, por tanto, en el marco de la literatura
“drogada”?
El propio texto señala que la sustancia opiácea
es la que genera la evocación de las chinerías. Sin
embargo, entiendo que el poema no presenta
signos creativos bajo alucinación, y muy
personificados, sino perceptibles evidencias de
un fehaciente control literario por vía
imaginativa, conceptual, lingüística y rítmica que
no se dan en los textos “drogados”.
Por consiguiente, no procedería calificar esta
composición como fruto de la influencia
orgánica de la droga, por mucho que sea creíble
que Valle-Inclán la consumiese por entonces, y es
que a mi parecer la droga comparece en él más
como asunto desencadenante de un tapiz de
chinerías que como vivencia de la mística de un
“viaje” a través del delirio y por galaxias
interiores confusas. Este tipo de rumbo mental
todavía iba a demorarse algunos lustros en
evidenciarse en la literatura, hasta que se
produzca el viaje sicodélico que emprenderá el
escritor británico Aldous Huxley a partir de los
cincuenta experimentando con la droga
mescalina a fin de conseguir las vívidas
percepciones de las cosas que expresó en su
obra de 1954
The Doors of Perception
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