Revista Farmacéuticos - Nº 121 - Abril-Junio 2015 - page 36

36
Pliegos de Rebotica
´2015
LOS CAMINOS COLATERALES DEL CORAZÓN
U
U
n domingo, en mi camino
habitual para comprar el pan y
un pollo asado, noto que alguien
detrás de mí, tira suavemente de
mi chaqueta.
Es menudo, flaquito, los ojos oscuros muy
vivos y alegres.Aparenta 8 años
aproximadamente y tiene en la mano una ristra
de ajos esperando que alguien le compre algo.
Me dice “
compre alguno por favor
”, y yo sigo
andando como si no fuera conmigo, enfrascada en
mis cosas.
¿
Y algo para comer
?
– Me paro en seco, me
vuelvo le miro y digo “te traigo un bollo”, espera
no te vayas que vuelvo.
Asiente con la cabeza, y a los pocos segundos noto
otro suave tirón en mi chaqueta,
pero por favor que no tenga caramelo por
encima que no me gusta
– me dice con una dulzura
natural.
No sé lo que pasó dentro de mí, le noté desvalido,
necesitado, pero con criterio!...Tan chiquitito y
sabiendo que aunque necesitaba comer no quería
caramelo y se atrevía a decirlo, con desparpajo y sin
conocer cuál sería mi reacción.
Con el corazón ganado totalmente por su persona,
le dije haciéndome la gruñona:
¡
caray con el niño,
poniendo condiciones! Abrió sus ojos me sonrió como
diciendo “
anda mujer, no va yas a enfadarte
”.
Me incliné junto a su cara y le dije, ¿y qué tal si
cambiamos el bollo por un bocadillo de jamón? Vi
como sus ojos brillaban, asentía y a la vez se hacía el
interesante porque notaba que me había conquistado.
–¿Cómo te llamas?–
–¡
ABRAHAM
!
Bueno Abraham, – espera aquí, que ahora vuelvo–.Y
así empezó mi amistad y cariño por este niño flaquito
que sonreía continuamente. Salí de la tienda y en
cuanto me vio dejó su montoncito, su rosario de ajos
en el suelo y vino corriendo. Se lo entregué en una
bolsita y él me dio un beso que me supo tan bueno,
que le abracé y me hizo pensar toda la semana si le
vería el próximo domingo. Me apetecía saber cómo
estaba, algo más de su vida.Y así llegó el siguiente
domingo y el otro y siempre le encontraba en el
mismo sitio, en la acera de la calle, con sus ajos, y me di
cuenta que no hacía falta que me tirase de la chaqueta,
porque era yo la que necesitaba acercarme a él.
Empezábamos a aumentar nuestra amistad, nuestra
mutua confianza, la suficiente para variar el bocadillo, a
jamón y queso, a tortilla, siempre con una
coca-cola
, que
me di cuenta que le encantaba.Y yo, cuando salía de la
tienda, le veía haciendo malabares con las ristras de
ajos como si quisiera compartir la alegría con ellos. Me
imaginaba agradeciendo a su rosario de ajos el
habernos conocido, aunque reconozco que es una
petulancia por mi parte, pero me hacía ilusión pensarlo.
Le vi jugando contento, sin aparentemente tener otra
preocupación que no fuera vivir el momento, y sin
embargo, nosotros, pasábamos delante de él, a por pan
y comidas preparadas como un acto reflejo más de los
domingos, con caras amargas, igual de protestones, tan
abrumados por las prisas, tan mirándonos el ombligo
como única cosa importante de nuestra vida.
¡Nuestro ombligo!
Lo que yo pude aportarle con mi abrazo y mis
bocadillos, no llega a la centésima parte de lo que este
flaquito de ojos profundos me aportó a mi; me regaló
su sonrisa y unos besos que me sabían a Gloria…
Fue una suerte encontrarme con un niño que su
rezo a la vida consistía en enseñar un rosario de ajos,
para que aprendiéramos que en este mundo se puede
rezar de muchas formas, y cuando contaba a las
personas cercanas, cómo era mi migo Abraham, alguno
me decía, –¡lo mismo es un niño explotado que se
aprovechan de él!–
Y yo lo pensaba un instante, solo un instante
porque era testigo que los “bocatas” que se metía
entre pecho y espalda, esos eran suyos solamente
suyos, y en mi fuero interno, o en mi
conciencia algo me repetía: tu
tranquila y ¡que le quiten lo bailao!..
.
Así fue transcurriendo el tiempo, a
veces no estaba algún domingo de
pleno invierno, y al siguiente le
preguntaba–¿Qué te pasó?– Con la
mayor naturalidad me decía
–“
estuve un poco malito
”–.
Nuestra amistad, aun sin
hablarnos algún día, por estar
vendiendo en ese momento sus
queridos ajos, sigue adelante, y
me lanza una mirada de
complicidad llena de palabras
sin voz.Y así seguiremos hasta
que alguno falte a la cita por
motivos no deseados, pero
aún así, mi flaquito, mi amigo
nunca olvidado, seguirá
siendo Abraham…
Aurora Sánchez Sousa
Mi amigo
Abraham
1...,26,27,28,29,30,31,32,33,34,35 37,38,39,40,41,42,43,44,45,46,...52
Powered by FlippingBook