Revista Farmacéuticos - Nº 121 - Abril-Junio 2015 - page 12

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Pliegos de Rebotica
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ayrit, la pequeña fortaleza
fronteriza andalusí fundada a
mediados del siglo IX por los
musulmanes, para vigilar no sólo
los ataques procedentes del norte
cristiano, sino también las constantes revueltas
de los muladíes y mozárabes de Toledo, al sur,
cayó en manos del rey castellano-leonés Alfonso
VI el Bravo hacia 1085.
Su conquista, al decir de los cronistas, no fue en
modo alguno, cruenta, sino resultado de las
capitulaciones firmadas entre el monarca
castellano y el toledano al-Qadir, por el que el
reino toledano cambiaba de manos. El rey
toledano puso como condición ocupar el trono
del reino de Valencia, cuyo clima favorecía su
delicada salud, algo que le fue concedido por
Alfonso.
Una vez hecha esta breve premisa introductoria,
decir que en Madrid existió una comunidad
mudéjar, sucesora de la musulmana, hasta 1502,
momento en el que los Reyes Católicos
promulgaron un decreto que obligaba a los
musulmanes hispanos a tomar una difícil
decisión: convertirse al catolicismo o tomar las
de Villadiego. Julio González (1975) recoge de
aquí y allá en las diferentes fuentes relacionadas
con este tema, cómo las condiciones de la
capitulación del reino de Toledo afectaron a
Madrid, y a todos los territorios toledanos.Así
las describe González, y en ellas se puede
apreciar la generosidad del rey castellano
Alfonso VI con sus nuevos súbditos musulmanes:
“1) Los musulmanes de Toledo podrían quedar
en sus casas y haciendas, a salvo la vida y la
libertad de ellos y sus familiares.
2) Los toledanos que lo prefiriesen podrían
marcharse libremente a donde quisiesen;
esta libertad incluía la de llevarse sus bienes
muebles. Si alguno de los habitantes quisiese
retornar después, sería autorizado para
volver a establecerse en Toledo, con los
bienes o propiedades de que dispusiese, y
sin quedar sujeto al pago de deudas u otras
molestias similares.
3) Los que prefiriesen quedarse estarían sujetos
solamente al pago del tributo acostumbrado,
en proporción al número de individuos que
compusiesen su familia. Éstos eran los que
“por antiguo derecho se daban a los reyes”.
4) Los musulmanes en Toledo conservarían
siempre y para su uso la mezquita mayor.
5) Se reservaba para el rey cristiano el alcázar y
la Huerta del Rey.”
Según estas cláusulas, la población musulmana
podía permanecer, si ése era su deseo, en Madrid.
Es muy posible que tan sólo permaneciesen en la
ciudad aquéllos que por no tener recursos o a
dónde ir, no tuviesen más remedio que quedar
en su ciudad natal, ocupada por el enemigo.
Diego Salvador
El primer
Madrid cristiano
Detalle del dibujo realizado por Anton Van der
Wyngaerde en 1562, donde se observa la muralla cristia-
na de Madrid, desde su arranque en la muralla musulma-
na, cerca de la Puerta de la Vega (a la izquierda), hasta la
Puerta de Moros, en la actual plaza del Humilladero (a la
derecha).
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