Revista Pliegos de Rebotica - Nº 142- julio/septiembre 2020

Para salir de copas En todos los barrios de Lisboa es posible encontrar locales abiertos para tomar una caña (en Lisboa la cerveza de grifo es una “imperial”) o una copa, aunque sin lugar a dudas uno de los más apropiados a este fin es el barrio alto. Es la zona tradicional de marcha de la ciudad. Por cierto, para los bebedores de cerveza recomendamos también la imperial preta –caña de negra– de Sagres, bastante más suave que la guiness. Mi lugar preferido para tomar unas copas en Lisboa es el Pavilhão chinês, un espacio que enamora a todo tipo de gente. Es un bar de copas que abre a las 18 horas, con un exterior que casi pasa desapercibido a pesar de su colorido rojo, pero con un interior repleto de toda clase de objetos, desde trenes de juguete a gorros y cascos (hasta un tricornio de la guardia civil), avioncitos, juguetes antiguos, figuritas de plomo, cartelería, cerámica, una barquillera española situada justo a la entrada de los toilettes y una mesa de billar. Otro lugar de copas que descubrimos durante este viaje está en el mismo barrio: la Rua Diario de Noticias, donde no sólo se sitúa la Old Phamacy, que es un sitio curioso, sino también muchos otros pequeños locales apenas sin nombre, pero con unos excelentes gin, ron y oporto blanco. Visitas alternativas El Museu da Farmacia de Santa Catarina, propiedad de la patronal de los farmacéuticos portugueses (ANF) es uno de esos lugares que no te esperas. Lo primero a reseñar es su excelente terraza, en la Rua Marechal Saldanha, donde tomar una copa al aire libre disfrutando de la belleza de la caída de la tarde.También es destacable su restaurante Pharmacia; pero lo más curioso es el propio museo, constituido a partir de la colección particular del Dr. Salgueiro Basso.Visitarlo es como hacer un viaje en el tiempo de botica a botica, desde una vieja farmacia portuguesa a un establecimiento en Macao. De todos los monumentos, magníficos, que hay en la capital lusa, dos pequeñas iglesias son para nosotros visita imprescindible, que repetimos en todos los viajes a Lisboa: el Covento do Carmo y la Igreja de São Domingos. En el primer caso se trata de las ruinas de una iglesia gótica, destruida en 1755 por un terremoto, a las que acompaña un pequeño museo arqueológico. Nada más entrar te encuentras al aire libre dentro de la iglesia con una evocadora nave sin techo. Hace unos años no había prácticamente visitantes y podías fotografiarte con una momia al lado de una pequeña biblioteca dentro del museo, o bien junto a un gato en las escaleras de la nave de la iglesia, con el techo destruido. Hoy ya no hay mininos y en cada foto te tropiezas con algún turista, pero no obstante sigue siendo una gran experiencia. São Domingos es otro espacio afectado por las catástrofes. La iglesia, situada cerca de la Plaza Dom Pedro IV, conserva las cicatrices que dejaron en su interior varios terremotos, inundaciones y un incendio. Los lisboetas decidieron conservarla sin restaurar, y el resultado es de una belleza que impresiona.Y el color oscuro de su interior… indescriptible. En Lisboa hay un buen número de miradores, en todas las zonas altas de la ciudad. Uno de los menos conocidos es el mirador ubicado cerca del Convento de Nossa Senhora da Graça, que podemos recomendar, no sólo por ser menos turístico que otros como el de Santa Luzia o el de Portas Sol, sino también por los fantásticos azulejos del convento, dignos por sí solos de una visita a la zona. Conclusion Lisboa es un excelente destino en todas las estaciones, pero para despedir el año es especialmente interesante. La ciudad bulle de gente por sus calles en la noche de fin de año, en la que podemos pasear junto a las numerosas familias que se han desplazado a la Plaza del Comercio y vuelven andando a sus hogares con una tranquilidad que a los españoles nos resulta muy grata. n 25 Pliegos de Rebotica 2020

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