Revista Pliegos de Rebotica - Nº 144 - Enero/Marzo

J Fernando Paredes Salido J osé Jiménez Lozano falleció en marzo de este año. Su literatura, como su vida, estuvo caracterizada por la discreción y el entusiasmo.Vivió una vida a contracorriente, que le produjo una cierta marginación. No obstante, se puede decir que ocupa un lugar entre los clásicos castellanos. Fue un “maestro en claridades”, con una prosa limpia y transparente, como los campos de Castilla, no exenta muchas veces de la sensualidad de un cuento árabe. Prosa caracterizada por su búsqueda incansable de Dios. Discípulo y compañero de Miguel Delibes aborda el programa vital de la razón de ser y sus entresijos de una forma directa, humilde, a la vez que transcendental, oscilando su estilo entre los clásicos y los místicos. Gran conocedor de la poesía de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, anhela “al hombre de luz” del que ya hablaba Saint–Exupery, hombre de lo absoluto, sed de plenitud y anhelo de otro mundo. Nadaba a dos bandas entre el pascalismo clásico y las teorías agustinianas, procurando sacar lo mejor de cada uno a través de claridades y de una estatuaria paradójica. Pues, no en vano su antropocentrismo está basado en la esperanza de la fe, de la que siempre fue un adalíz permanente. No en vano, así se lo reconoció el Vaticano, con la concesión de la cruz “Pro Ecclésia”, máxima distinción para un seglar que concede la Iglesia Católica. Periodista de garra con título oficial de la Escuela Nacional de Periodismo fue redactor jefe de “El Norte de Castilla”. Escritor de pluma prolífica, nos ha legado un caudal de libros que nos enriquece y admira. El mundo es una bendición de Dios y la obligación del poeta es alabar al Creador agradeciéndole permanentemente el don de la vida. Alejado de la angustia existencial, plasma en su obra un estilo y un espacio ligado a Castilla, su sobriedad en su propio estilo, con esa mezcolanza de guerreros y de místicos, que ha llevado siempre permanentemente, la servidumbre de la España más ruda en el que el alma se templa a través del esfuerzo y del silencio. A veces, su literatura es un oasis para el espíritu, como un huerto, fértil, impregnado de frescura y de altos pensamientos. Premio Cervantes en 2002, considerado como el Nóbel de las letras españolas, consideró el premio “como lo que es, como un regalo, con una gran alegría… como un reconocimiento oficial de lo que me llena”. También fue uno de los responsables de las sucesivas exposiciones de las Edades del Hombre. Leer a este autor en estos tiempos de confinamiento, es un placer refrescante, nunca suficientemente pagado. n 9 Pliegos de Rebotica 2021 La literatura de José Jiménez Lozano

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