Revista Pliegos de Rebotica - Nº 144 - Enero/Marzo

FABULA Javier Arnaiz 37 Pliegos de Rebotica 2021 E E l valle acogía una aldea protegida por sus dos montañas que daban vida a un bosque de un verdor intenso, en la lejanía se apreciaba como una esmeralda colgando del cuello de los altos picos. El agua abundante y el calor protegido por las laderas hacía de aquel pequeño rincón un lugar de especial frondosidad, nada faltaba a sus habitantes. El ganado bien alimentado, los huertos crecidos, rico cereal en las laderas y la generosidad del bosque con sus frutos rojos regalados desde el final de la primavera hasta bien entrado el otoño conservaban la salud y vitalidad de los escasos habitantes de la aldea. Aunque de todo disponían carecían de un elemento principal, la seguridad. Se sentían atormentados y una extraño excitación llenaba sus vidas, aunque rara vez hablaban de aquel mal que azotaba su idílico rincón del mundo. El temor se apoderaba de sus mentes cada vez que debían atravesar el bosque y siempre terminaban haciéndolo a la carrera.Al entrar en el manto verde una voz se erigía sobre el sonar de las hojas “Hola soyVerdelín, ¿tú quién eres?” Cuando el caminante dirigía su mirada hacia la voz no conseguía descubrir su origen y el vacío en la visión arrancaba el temor alimentando la leyenda de la voz malvada del bosque. Una voz que inquietaba a los que debían transitar entre el verde esmeralda. Poco a poco, la aldea se aislaba del mundo exterior, cuando la necesidad obligaba al comercio se sorteaba entre los habitantes la obligación de atenderlo y aunque nadie jamás sufrió daño alguno, la familia del desafortunado se despedía de él presos de la conmoción de quien dice adiós al hijo que marcha a la guerra.Al regresar, el encargado de comercio contaba su aventura de un modo que helaba la sangre de los más pequeños. La voz, como en toda ocasión asaltó al aldeano en los primeros pasos adentrados del camino del bosque esmeralda, después, ya a la carrera, notaba tras de sí unos pasos que le siguieron hasta el final del valle. Cada cual daba suelta a sus conclusiones, para unos la voz misma del bosque en busca de un tributo por permitir el paso, para otros algún hechizo en busca de una nueva víctima, para otros los pecados de los padres buscando en los hijos venganza y así, cada cual, con sus propias conclusiones todas ellas imagen de sus propias conciencias y alimentadas por las conclusiones de los otros. Como si la verdad hubiera de ser necesariamente la conclusión que más temor pudiera causar. En una ocasión, un ciego, de esos que van de pueblo contando historias, se adentró en el valle con el fin de alcanzar aquellas ricas tierras con la esperanza de que sus historias llenaran de buenas viandas su morral. Como en cada ocasión, en los primeros pasos del camino oyó una voz “Hola soyVerdelín ¿tú quien eres?” el contador de historias se giró hacia la voz y en tono amable contestó:“buenos días, mi nombre es Suero, aunque muchos me llaman risueño, quizá por me gusta mucho reír”. La voz tardó en contestar, quizá la falta de costumbre de tener ocasión para enunciar una segunda frase o simplemente por la sorpresa que produjo que alguien contestara su misma pregunta. “¿Qué te trae por este bosque?” PreguntóVerdelín. “La necesidad de atravesarlo para llegar a la aldea y allí ofrecer a sus habitantes mis historias, algunas verdaderas y otras traídas de la imaginación, una cualidad que destaca en mi persona por pasar a oscuras tanto tiempo”. Contestó Suero mientras dejaba salir primero una sonrisa y luego una carcajada que contagió aVerdelín sin saber muy bien de qué se reía, aunque la sensación le produjo un desconocido bienestar. De ahí en adelante la conversación fue amable, fluida e instructiva para el Verdelín

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