Revista Pliegos de Rebotica - Nº 145 - Abril/Junio 2021

solemne que todos los poemas que nos hacían tragar en clase; pensándolo bien hasta rima tenía. En las páginas centrales del libro, Levi echa mano de la pura imaginación para dedicar dos cuentos minerales al Plomo y al Mercurio y los inserta entre las historias de química militante, como si fueran sueños de evasión de un prisionero. En el capítulo ofrendado al Vanadio, el químico y humanista italiano hace referencia a la correspondencia mantenida para un reencuentro, más de 20 años después de terminada la guerra, con el doctor Lothar Müller, uno de los inspectores que vigilaban el trabajo de los prisioneros del “inolvidable laboratorio donde todo era hielo, esperanza y terror”, en el que trabajaba Levi cuando los rusos habían llegado ya a las puertas de Auschwitz:“Volverme a encontrar, de hombre a hombre, ajustando cuentas con uno de los “otros” había sido mis deseo más vivo y permanente desde que abandoné el campo de concentración de Lager. (…) El encuentro que yo esperaba, con tanta intensidad que por las noches llegaba a soñar con él (en alemán), era un encuentro con alguno de aquéllos de allá, que habían dispuesto de nuestras vidas, que no nos habían mirado a los ojos, como si nosotros no tuviéramos ojos.Y no lo soñaba por afán de venganza, que no soy ningún conde de Montecristo. Simplemente para volver a poner las cosas en su sitio, para poder preguntar: ´¿Y qué?’. (…) Müller me escribió (…).Atribuía los acontecimientos de Auschwitz al Hombre, sin hacer más distinciones…”. Por último, Levi aborda la peculiaridad del carbono, el único elemento que sabe aliarse consigo mismo en largas cadenas estables sin gran despilfarro de energía para convertirse en clave de la vida: “Podría contar historias y no acabar nunca, de átomos de carbono que se convierten en color y perfume de las flores; de otros que, desde algas minúsculas a pequeños crustáceos y a peces cada vez más gordos, devuelven anhídrido carbónico al agua del mar, en un perpetuo y espantoso carrusel de vida y de muerte, en el cual cada devorador resulta inmediatamente devorado; de otros que alcanzan en cambio una decente semieternidad en las páginas amarillentas de algún documento de archivo, o en el lienzo de un pintor famoso; de aquellos a los cuales les tocó el privilegio de entrar a formar parte de un grano de polen y dejaron su impronta fósil en las rocas para despertar nuestra curiosidad; de otros, en fin, que bajaron a integrarse entre los misteriosos mensajeros que dan consistencia al semen humano y participaron en el sutil proceso de escisión, duplicidad y fusión del que cada uno de nosotros ha nacido”. En definitiva, Primo Levi nos describe de una manera lúcida y fascinante el mundo y los seres humanos a través de la Tabla Periódica, esa sintética expresión de la universalidad de la química que impera en la naturaleza, acaso el poema escrito por Dmitri Ivánovich Mendeléyev un siglo antes. En 1947, Levi publicó el libro Si esto es un hombre , un viaje al abismo de la humanidad con el equipaje de lo más inhumano y cainita del espíritu humano. Quince años después, dio a la imprenta La tregua (1963), que relataba el recorrido que hizo, como una maleta que va de un lado a otro, con los soviéticos que le sacaron de Auschwitz IV, hasta que llegó a casa. Finalmente, para cerrar la trilogía, publicó, en 1986, Los hundidos y los salvados , una obra en la que confesaba que los que verdaderamente conocían el horror de la shoah eran los que no habían sobrevivido, no los que, a través de la astucia o la fortuna, los más fuertes o mejor adaptados, habían sobrevivido a los campos de concentración. Sin embargo, insiste Levi, no se trata de juzgar a los salvados: palabras como bueno o malo, justo o injusto, tardaban muy poco en dejar de tener sentido al otro lado de la alambrada. La despersonalización que sentían los prisioneros les hundía no solo en el silencio, sino también en un universo moral ajeno hasta ese momento, el impuesto por unos hornos crematorios cuyos ladrillos llegaron a estar tan calientes que se resquebrajaban tanto como el “superhombre” que trataba de fabricar el nazismo. n 11 Pliegos de Rebotica 2021

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