Revista Pliegos de Rebotica - Nº 141- abril-junio 2020

D D icen los entendidos en esta materia, manjar de dioses y pobres, que los egipcios ya sabían cómo amasar y hacer pan. Sustento diario desde entonces, aunque no siempre ha tenido la misma presencia suculenta en las mesas.Alimento básico, cierto es, desde los albores de la humanidad. Cierto es también que, junto con el aceite y el vino, el pan es uno de los primeros alimentos procesados por el ser humano. Si nos remontamos a la Prehistoria es más que posible que los nómadas, cuando dejaron de serlo para dedicarse a la agricultura y ganadería, y adquirir el carácter de sedentario, vieron en los primeros cereales la manera de alguna transformación tosca. Los egipcios llegarían más tarde, gracias a las grandes posibilidades que ofrecía el río Nilo (una auténtica bendición de los dioses) y la harina, desde luego. Pan generosamente más que milenario. Dicen que el mismísimo Colón comentó a los Reyes Católicos las bondades de ese "rico y delicioso pan", degustado allende los mares, en uno de sus viajes descubridores, a la vuelta de uno de ellos. Pero, retomando, de los egipcios nos ha llegado un mensaje de amor imperecedero: "Contigo pan y cebolla".Aquellos habitantes primitivos de la orilla del Nilo que no disponían de abundancia comestible, se alimentaban básicamente de pan y cebolla. Claro que también es verdad que "con pan y vino se anda el camino", a falta de un detalle que no es baladí para completar la triada más célebre que tanto agradecían los romanos: trigo (pan), vid (vino) y olivo (aceite). El pan con aceite no hay duda que protege nuestras coronarias. Sabrosa dieta mediterránea. De siempre es aconsejable acudir a las fuentes de sabiduría, como por ejemplo, en este caso, al volumen correspondiente de a una vieja colección del Diccionario Enciclopédico Abreviado de Espasa-Calpe (1957): "Los antiguos egipcios ya sabían hacer pan. La fabricación del pan comprende varias operaciones, siendo las principales la formación de la pasta, la fermentación y la cochura". De niño, la panadería donde se elaboraba tan rico manjar, y mejor olor, estaba bastante cerca de la casa de mis abuelos maternos y doy fe de los tres procedimientos citados en el diccionario. Momento especial y muy esperado era cuando el panadero, de nombre Faustino, tomaba con su enorme pala de madera, requemada de tanto repetir el mismo son cada día, aquellos llamativos bollos de masa blanca que eran introducidos ceremonialmente en el horno candente,…., hasta alcanzar el dorado crujiente. También recuerdo el pan que se amasaba en nuestra propia casa, después de la siesta, añadiendo una pizca de levadura y se llevaba a la panadería para su cocción. Momentos mágicos de la infancia. Estos recuerdos se complementan con las visitas esporádicas a la fábrica de harina instalada en las afueras del pueblo.Y todavía más con nuestra presencia juvenil en la era, más alejada del pueblo, en la época de la trilla del trigo. Cereal en el campo, recolección, harina y pan. Los chavales nos quedábamos embelesados ante la magia de la panificación de la harina del trigo. Pan bendito de los más pobres. "Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan", el mismo Cervantes en El Quijote . También en la etapa infantil nos contaban cuentos de pan, mejor dicho de las migas del mismo. La cocción produce migajón y corteza. Pulgarcito, para no perderse en el misterioso e intrincado bosque, no se le ocurrió otra cosa que depositar, tramo tras tramo, trocitos de migas que supuestamente le indicarían el camino de vuelta a su morada. ¡Inocente de él! Los pajaritos de inmediato descubrieron un manjar maravilloso y anularon las señales de retorno. Declaro mi asombro y casi éxtasis ante una narración que se repetía una y otra vez, y una vez más, sin decepción alguna. El refranero lo refrenda: "Quien no da migas, no tendrá amigas". Todo este preámbulo (podría haber sido más extenso) surge al leer la etiqueta pegada en el envoltorio de una barra de pan comprado en un supermercado cualquiera (transcripción literal, salvo nombres publicitarios): 12 Pliegos de Rebotica 2020 Joaquín Herrera Carranza El origen del pan de nuestros días

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